Héctor Lema Riquelme, estudiante de Programación del Insuco Chillán: un camino en el mundo digital

Con emoción y gratitud, Héctor Lema Riquelme, estudiante de 4º Medio E de la especialidad de Programación del Insuco Chillán, comparte que su principal motivación para participar en las Olimpiadas Chilenas de Informática (OCI) “nació de la influencia de un amigo muy especial: Francisco Muñoz, campeón nacional y referente en el área de programación”.

Bajo su guía y acompañamiento, Héctor inició un proceso de preparación riguroso, explorando el desafiante y fascinante mundo de la informática. “Desde el inicio me propuse aprender con su ayuda y desarrollarme en un ámbito tan moderno como lo es la tecnología”, comenta.

El momento en que recibió la noticia de su clasificación a la final nacional fue profundamente emotivo. “Estaba triste porque pensé que no lo había logrado”, recuerda. Sin embargo, al leer la lista de los 25 clasificados a nivel nacional, no pudo contener las lágrimas: “Fue increíble ver que alcancé el puntaje de corte y que había cumplido la promesa que le hice a mi mamá”.

Para Héctor, representar a su liceo y a la Fundación Educacional Comeduc tiene un valor simbólico y humano inmenso. “Significa darles un nombre a todos los cabros que, como yo, vienen de región o de colegios públicos y que pueden llegar lejos”, afirma. Su participación busca transmitir un mensaje de esperanza: demostrar que el talento y la perseverancia pueden abrir caminos más allá de cualquier contexto.

Su pasión por la informática se nutre del deseo de resolver problemas reales mediante las herramientas tecnológicas del siglo XXI. “Me motiva poder ayudar a las personas con soluciones que respondan a las necesidades de la modernidad”, explica con convicción.

No obstante, reconoce que el camino no ha estado exento de desafíos. “La desmotivación ha sido uno de los más grandes. A veces cuesta creer en uno mismo cuando ves a otros tan avanzados, pero también eso te impulsa a seguir”, confiesa. Inspirado por figuras como su mentor, convierte la admiración en energía para superarse día a día.

Entre las habilidades que lo han ayudado a destacar, menciona la lógica, la perseverancia y la capacidad de sobreponerse al cansancio. “Programar requiere constancia. Hay días en que no quieres hacerlo, pero lo importante es levantarte igual y continuar”, comenta. Para él, la programación es una forma de arte: un espacio para expresarse, aprender y crecer interiormente.

Héctor mira hacia el futuro con entusiasmo y claridad: “Esta experiencia me abre puertas. Aspiro a grandes metas y espero que esta oportunidad me ponga en el radar de quienes puedan ayudarme a alcanzarlas”.

Finalmente, deja un mensaje para sus compañeros: “Programen. No importa si ganan o pierden, lo importante es seguir intentando. Cada día hay una nueva oportunidad para mejorar”.

Si tuviera que resumir todo en una sola palabra, no duda: “Elijo futuro”.
“Definitivamente, esta oportunidad representa mi futuro como programador y desarrollador”, concluye.

¡Juntos #SomosComeduc! 🚀

Octubre de 2025